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Álvaro Díaz: del primer turno en el Festival Marvin a tres noches en el Palacio de los Deportes

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El 16 de mayo de 2015, Álvaro Díaz tenía una cita con la Ciudad de México a la una y media de la tarde. Le tocaba abrir la jornada del Festival Marvin en el Pata Negra. Once años después, su nombre aparece anunciado para tres fechas en el Palacio de los Deportes. Entre aquellos dos escenarios hay una historia que merece contarse antes de que se apaguen las luces.

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Volver a ese horario del Marvin ayuda a poner las cosas en perspectiva. Era un festival que permitía caminar entre los foros de la Roma y la Condesa, encontrarse con una banda y salir buscando otra. Álvaro formaba parte de ese circuito de descubrimientos. En una entrevista publicada por Itinerario DF antes de su presentación, dijo que sería su primer festival en México y explicó lo que significaba llegar ahí: “cuando nosotros empezamos esta era la misión, festivales”.

En ese momento, estar en un cartel ya era una meta cumplida. Hoy podemos mirar hacia el Palacio y pensar que todo estaba encaminado, pero la carrera de Alvarito tuvo esperas, cambios y momentos en los que avanzar resultaba mucho menos claro de lo que parece desde afuera.

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Su propuesta tampoco encontraba un lugar sencillo en Puerto Rico. En una conversación con Rolling Stone en Español, recordó que su música mezclaba públicos y sonidos que entonces se percibían separados. Parte del trabajo consistía incluso en explicar cómo usar SoundCloud, la plataforma donde circulaban sus canciones. Antes de llegar a una audiencia masiva, había que construir una comunidad alrededor de una música que todavía buscaba dónde acomodarse.

Por eso México ocupa un lugar especial en esta historia. Ya en aquella entrevista de 2015, Álvaro reconocía el apoyo del público mexicano. El vínculo viene de años atrás, de una etapa en la que el rap tenía un peso central en su propuesta y presentarse en el Marvin significaba acercarse a nuevos oyentes. El país lo acompañó mientras su música iba cambiando.

Con el tiempo llegaron Felicilandia y Sayonara, discos que ampliaron ese mundo de canciones, personajes y referencias visuales. Pero también llegó la frustración. El lanzamiento de Sayonara sufrió retrasos que dieron pie al movimiento #FreeSayonara. Álvaro contó que las fechas cambiaban y que la espera le resultaba desesperante. Tener música lista y seguir sin poder compartirla fue uno de los obstáculos más visibles de su recorrido.

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Ese episodio importa cuando hablamos de lo duro que ha sido llegar aquí. Desde el público vemos estrenos, colaboraciones y anuncios de conciertos; entre una publicación y otra también hay meses de incertidumbre. Para quien llevaba tiempo siguiéndolo, la salida de Sayonara tuvo el peso de una espera compartida.

Ahora, con OMAKASE, Álvaro abre otra etapa. El concepto del chef que decide qué servir encuentra continuidad en una gira que busca trasladar el imaginario del álbum al escenario. El Palacio de los Deportes aparece como un paso mayor dentro de esa apuesta, con una producción que Ocesa presenta como la más ambiciosa de su carrera.

Y sí, tres fechas en el Palacio impresionan. Pero recordar el Pata Negra permite entender mejor lo que está por suceder. Aquel artista que celebraba haber conseguido un espacio en su primer festival mexicano regresa con una audiencia capaz de sostener tres noches en uno de los recintos más grandes de la ciudad.

El 9, 10 y 11 de octubre, habrá quienes lo vean por primera vez y quienes lleven más de una década acompañándolo. Para estos últimos, el concierto también tendrá algo de memoria: el recuerdo de cuando el nombre de Álvaro Díaz estaba al comienzo del horario y todavía quedaba tanto por recorrer.