Antes de los estadios, de “Angels” y de esa sonrisa con la que parece anunciar que está a punto de hacer una travesura, Robbie Williams era el más joven de Take That. Tenía dieciséis años cuando entró al grupo en 1990. Ahí encontró la fama, pero también un papel que acabaría quedándole estrecho: el muchacho divertido dentro de una maquinaria donde cada integrante tenía su lugar. En el verano de 1995, con veintiún años, salió de la banda.

Vista desde hoy, la decisión parece el primer capítulo de una carrera destinada al éxito. En aquel momento había bastante menos certeza. Ser conocido no equivalía a tener una identidad propia, y Robbie todavía necesitaba canciones que justificaran su presencia fuera del grupo. La atención estaba asegurada; lo que haría con ella seguía por resolverse.
Su primer sencillo solista fue una versión de “Freedom”, de George Michael, publicada en 1996. Un año después llegó Life Thru a Lens, aunque el despegue tardó: el álbum no entró al top diez británico hasta la aparición de su cuarto sencillo, “Angels”. Esa balada cambió el rumbo. El exintegrante de Take That empezaba a tener una historia que el público podía escuchar sin pensar primero en su antigua banda.

“Angels” sigue explicando una parte esencial de Robbie. Frente al personaje que busca atención, la canción ofrece consuelo y deja espacio para la fragilidad. “Let Me Entertain You”, en cambio, hace explícito el otro lado: la necesidad de salir, ocupar el escenario y conquistar a quien esté enfrente. Entre esos dos impulsos se puede leer buena parte de su carrera.
Con I’ve Been Expecting You, en 1998, y Sing When You’re Winning, en 2000, llegaron canciones como “Millennium”, “She’s the One” y “Rock DJ”. Su catálogo crecía mientras el personaje se volvía más reconocible. En el video de “Rock DJ”, el intento de llamar la atención termina convertido en un espectáculo grotesco: Robbie se quita la ropa y después mucho más. La exageración tenía humor, pero también dejaba una imagen bastante precisa de alguien dispuesto a entregarlo todo para que lo miraran.

En 2001 cambió de traje. Swing When You’re Winning lo acercó a las canciones que había crecido escuchando y a la tradición de los grandes intérpretes del swing. Grabó en los estudios Capitol de Los Ángeles y llevó ese repertorio al Royal Albert Hall con una orquesta. La elección revelaba otra ambición: podía divertirse dentro del pop contemporáneo y, al mismo tiempo, buscar su sitio en una forma de entretenimiento donde la voz, el gesto y la conversación con el público lo eran casi todo.
Escapology, publicado en 2002, sumó “Feel” y “Come Undone”. Al año siguiente, tres conciertos consecutivos en Knebworth reunieron a unas 375 mil personas. La escala era enorme para alguien que apenas unos años antes había tenido que explicar quién era fuera de Take That. Knebworth quedó como una de las imágenes centrales de su carrera: una multitud capaz de devolverle las canciones y un cantante que sabía hacer de esa respuesta parte del espectáculo.
Pero su historia también incluye cambios de dirección. Intensive Care llegó en 2005; Rudebox, en 2006, lo llevó hacia otros sonidos y colaboraciones, entre ellas Pet Shop Boys y Mark Ronson. Después vino una pausa prolongada de la exposición pública. Ese tramo vuelve más interesante el relato que una simple colección de triunfos. Mantener una carrera también exige decidir cuándo insistir, cuándo probar algo distinto y cuándo dejar de aparecer.
Hoy, su relación con el pasado atraviesa BRITPOP, publicado en 2026, un disco que reúne colaboradores como Tony Iommi, Gaz Coombes y Gary Barlow. El joven que salió de Take That puede volver sobre aquella época desde una posición muy diferente: tiene un repertorio propio y varias generaciones que lo reconocen.

Por eso Robbie Williams sigue siendo un personaje atractivo. Puede parecer demasiado seguro de sí mismo y, unos minutos después, cantar desde la duda. Su historia está llena de esa tensión. El muchacho divertido de la boy band terminó aprendiendo a sostener un escenario entero, aunque buena parte de sus mejores canciones todavía pregunta qué pasa cuando se apagan las luces.